jueves, 12 de julio de 2012

Amaba yo...


Amaba yo las letras más que nada en el mundo, no encontré en otro sitio la comodidad insólita de las sílabas y los verbos. 

Hoy el amanecer fue silenciado por las fallas eléctricas y los perros en la calle no aúllan porque están dormidos. Soñolientos y tibios, los hombres en sus camas  acarician a sus esposas desnudamente complacientes y también llueve. Estoy despierta, quiero un poco más la vida, quiero el desconcierto tan propio y sincero que desfragmenta el día.

Es temprano en la mañana pero yo devoro todo con cucharas cuchillos y las manos abiertas. La ciudad fría no aplaca la furia, es más, la tienta, la cubre de sonatas y lienzos mientras termina de irse la noche con su mortandad y sus nubes de algodón con cocaína. Se abre paso entre las montañas el sol blancuzco de la ciudad gris. Ahí está el día implacable y despierto frente a los pies que me sostienen.

Amaba yo las letras más que nada en el mundo, los versos en furor eran las tardes cuando en casa no estaban las visitas ni las ventanas. Yo escribía de noche, de madrugada, de mañana y de medio día.

Amaba yo las letras más que nada en el mundo, el desconsuelo, la perdición y la tristeza. El descaro absuelto en mis dedos de tela que dibujan los tramos por donde va el lápiz. El ocre manchando el cuello y su tensión; yo no entendía las razones que se desplegaban enumeradas ante mí, yo sólo sabía escudriñar en un poema las obscenidades de los besos y escudriñar en otro las pulcritudes del tiempo.
.

No hay comentarios:

... Casi como la piel de un gato, como un corazón palpitante, ¿lo escuchas?

... Casi como la piel de un gato, como un corazón palpitante, ¿lo escuchas?
Gracias por no gritar.