La
desnudez de una mujer que echa a volar su humanidad con diez mil pájaros , en
sus hombros los cabellos negros le tejen la blusa maravillosa que jamás
desvistió, los ojos impunes que sobreviven al desacierto del día y en sus manos
tiene la quietud, la plena y vertiente sensación de quietud, de poesía. En sus manos se evaporan los
artilugios, los azares y a su vez los buenos razonamientos.
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