Entré en mi casa sin respiración, las marcas en el pecho no eran de mi imaginación.
Cerré las puertas y apagué la luz no anidaba allí ni una voz ni un contagio de alivio; no había sobras de vida. Ya no.
Mis manos manchadas de sangre susurraban sin claridad, mi cuerpo cansado no sentía más.
.Trague saliva.
Con los pies desnudos y sucios por las calles encharcadas del vecindario; me levanté y lavé mis manos completamente rasguñadas, caminé hacia el horno y lo encendí sin comida dentro.
Ardía, todo en conjunto ardía, puse mis manos sobre el horno para calentarlas, parecía que sus heladas suplicas aun penetraran.
Estuve allí con lipotimia por veinte o treinta minutos….
.
Cinco
.
Diez
.
Quince
.
Veinte
.
Veinticinco
.
Treinta
.
Treinta y Nueve.
.
Puse razón a mi cuerpo hermético y fui a la alcoba, parecía un hipogeo conmigo dentro.
Apoyé mi cabeza contra la almohada y presioné mi pecho rojo airado. Sentí como pequeñas gotitas se resbalaban por las sábanas de color beige y se bebían mi salado sentimiento.
Este era el momento de pintar o falsear… Yo decidí falsear pues esa era mi escena personal.
.Me cubrí con las sabanas.
No había otro remedio que callar y disfrutar… Sí, disfrutar en mi mundo ilusorio.
Así estaba, irremediablemente atascada, mortalmente atrapada.
Volví mi cuerpo hacia la ventana y quise dormir.
viernes, 23 de enero de 2009
Alevosìas...
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... Casi como la piel de un gato, como un corazón palpitante, ¿lo escuchas?

Gracias por no gritar.